Aquí yace
Estos días estoy en Londres con mi familia. En la abadía de Westminster la multitud se detiene frente al monumento a Isaac Newton, famoso hasta en ‘El código Da Vinci’. Para tomarle la foto, casi todos se paran sobre una piedra gris en el piso.
Es la tumba de Newton.
Nosotros fuimos los únicos que le tomamos foto a esa piedra, y a la de Stephen Hawking, a unos pasos. La lápida lo advierte, traducida del latín: “aquí yace lo que fue mortal de Isaac Newton”. El monumento no es el hombre. El hombre quedó abajo, bajo los zapatos de todos.
Pensé que era una distracción de turistas. Hasta que recordé lo que pasó cerca de casa.
En Jardines Montesacro está ‘El Cristo de los Andes’, una talla en madera de mi abuelo, José Horacio Betancur. Por años estuvo junto a la lápida que guardaba lo que fue mortal de él y de mi abuela. Hace poco renovaron esa zona del cementerio. Movieron la escultura con todo el cuidado a un lugar mejor.
Extraviaron los restos del autor.
No fue malicia. Fue logística: la obra estaba en el inventario; los restos no. En Westminster pisan la tumba por distracción. En Montesacro el olvido ya venía incluido en el proceso.
Hoy estamos construyendo monumentos con la obra de millones de personas: los llamamos modelos. Sabemos cuánto cuestan y qué producen. Del inventario de quienes pusieron esa obra sabemos mucho menos.
En nuestras organizaciones pasa igual. El tablero muestra el resultado y lo que la IA aceleró. A quien puso el criterio para que eso existiera hay que buscarlo a pie de página, si acaso quedó escrito.
Ese inventario todavía lo estamos escribiendo.


