Un grupo de marcas que vende en línea decidió que la autenticidad sería su ventaja frente a la IA. Mientras el resto del mercado producía contenido en volumen industrial, ellos iban a apostar por lo humano.
Alguien del equipo tuvo que ponerse frente a la cámara.
Cincuenta tomas de un solo video, y entre más tomas, peor quedaba. Terminó colapsando.
Nada de lo que decía era falso. Pero ahora tenía que lograrlo.
Ese es el punto ciego del consejo que circula en todas las juntas directivas ahora mismo. La máquina produce infinito, entonces lo humano es el diferencial. Suena bien, y probablemente sea cierto. Pero convierte una manera de estar en un entregable, y los entregables se revisan hasta que quedan bien.
Se repite la toma hasta que quede, y para entonces ya se perdió lo que había al comienzo.
Lo notamos como consumidores sin poder explicarlo. Una persona que nos habla mientras calcula el efecto que produce. Nada suena mentiroso, pero hay un cálculo corriendo por debajo y el ritmo lo delata.
Las marcas que anuncian que van a ser auténticas ya perdieron algo en el anuncio.
Quizás la única salida sea dejar de perseguirla. Ocuparse de tener algo real que decir, y decirlo sin mirar cómo queda.
La autenticidad llega de reojo, mientras uno anda ocupado en otra cosa.
P.D. La escena de las cincuenta tomas está en un video donde David Fragomeni documenta cómo está reconstruyendo su marca frente a la IA. Vale la pena verlo completo, porque él llega a una conclusión distinta a la mía:


