Hace unos días leí una frase atribuida a Edison. Decía, más o menos, que si hiciéramos todo aquello de lo que somos capaces, terminaríamos asombrados de nosotros mismos.
He estado creando cosas con IA, y hoy le tocó a una app. El proceso fue tan divertido que me asombré.
Después me acordé de un libro que tengo en la biblioteca, The Book of Doing de Allison Arden. Trae dieciocho leyes para quien quiere crear.
La tercera pide apagar el celular y guardarlo en un cajón.
Tenía sentido. La pantalla era para consumir. Hacer quedaba afuera.
Hoy ese mismo aparato escribe código, dibuja, compone y nos explica lo que todavía no entendemos. Lo que guardábamos en el cajón se volvió un taller.
Y un taller tiene sus reglas. Las que propongo son:
Empieza pequeño. Algo que puedas construir y probar hoy.
Piensa con las manos. El cartón, el prototipo feo, la primera pantalla que apenas carga.
Pide ayuda para destrabarte. Pregúntale a la IA lo que te daría pena preguntarle a un colega.
Prueba pronto.
Aprende de lo que falla. Pregunta por qué hasta que el criterio sea tuyo.
Lleva el mundo al taller. La imaginación se alimenta afuera de la pantalla.
Cuida tu voz. Puedes descartar una respuesta impecable que suena a otra persona.
Comparte el proceso. Cuenta qué salió mal y cómo participó la máquina, porque alguien más va a encontrar ahí su manera de empezar.
Termina. Ponle fecha y entrégalo, aunque te falte una versión más.
–hacer–


