Los ingenieros del primer Mac cuentan que Steve Jobs le dijo a Larry Kenyon que el computador tardaba demasiado en arrancar. Hizo la cuenta en voz alta: si todos los que lo compraran lo prendían cada mañana, diez segundos menos sumaban varias vidas humanas al año. Le pidió que salvara esas vidas, y el equipo encontró los segundos.
Siempre leo esa historia con otra escena al lado. En las oficinas de entonces, la secretaria llegaba, le quitaba la funda a la máquina de escribir, metía la hoja y empezaba. Esa era la vara contra la que competía cualquier computador nuevo.
Los segundos se ganaron, y durante años hubo computadores encendidos sobre escritorios donde se seguía trabajando igual: escribir en pantalla, imprimir, firmar a mano y archivar en la misma carpeta de siempre. Las oficinas cambiaron el día en que alguien se sentó al lado de cada persona y le enseñó a trabajar distinto.
Con la IA escucho la conversación de aquella época. Cuántas licencias compramos y qué modelo elegimos. Son preguntas razonables, como lo eran esos segundos.
Si la gente no cambia la forma en que hace su trabajo, da igual qué tan preciso sea lo que implementaste.
No es un problema de llevar la IA a la empresa. Es gestión del cambio.
Llegó una herramienta capaz de mover cómo trabajamos, y alguien tiene que sentarse al lado de cada persona a mirar cómo arma su lunes.
Jobs peleó por diez segundos. ¿Quién en tu empresa está peleando por la primera semana de cada persona frente a la herramienta?
La historia del arranque del Mac la cuenta Andy Hertzfeld en «Saving Lives», folklore.org


