El carril equivocado
Esta mañana vi tres formas de proteger el propio carril. Un camión se robó el semáforo a pura actitud. Un carro se atravesó y colapsó el flujo hasta llegar a su destino. Una señora esperó el verde en el carril equivocado, escuchó los pitos, y subió lentamente la ventana.
Cada uno tenía su lógica perfectamente coherente.
El problema no era el egoísmo. Era algo más difícil de nombrar: cada uno tomaba decisiones racionales dentro de su propio marco. Ningún marco incluía al sistema completo.
Lo mismo pasa todos los días en las organizaciones.
El área de TI que bloquea el acceso a herramientas de IA generativa no lo hace por malicia. Lo hace porque su marco es la seguridad, el control, la gobernanza. Dentro de ese marco, la decisión tiene sentido perfecto.
El problema es que mientras protegen ese marco, el resto de la organización espera en el carril equivocado.
El mercado no espera.
La señora de la ventana no negó lo que estaba pasando. Solo decidió no escucharlo. Negar requiere creer que tienes razón. Subir la ventana solo requiere no querer escuchar que no la tienes.
Los marcos que se cierran sobre sí mismos no son estúpidos. Son racionales en exceso.
La pregunta para un CEO no es cómo convencer a TI de que la IA es segura. Esa es la conversación equivocada, en el carril equivocado.
La pregunta es quién puede ver los tres carriles al mismo tiempo y decidir cómo fluye el tráfico.
Porque si nadie tiene esa vista, todos van a seguir siendo perfectamente racionales mientras el sistema colapsa.


