El criterio no viene en el prompt
Lovable tiene un estilo reconocible. Claude también. No porque no puedan hacer otra cosa. Sino porque la mayoría de quienes los usan no sabe qué pedirles.
Y eso revela algo importante sobre el diseño.
Un diseñador que empieza un proyecto no abre Figma y espera que la inspiración aparezca. Busca referencias. Construye un moodboard. Pone ahí lo que le gusta, lo que funciona, lo que quiere que sienta el resultado. Desde ese tablero trabaja.
Dribbble, Behance, Pinterest no son entretenimiento para diseñadores. Son el lenguaje. La forma de decir “quiero algo que se sienta así, que respire así, que le hable así al usuario.”
Hay una diferencia entre mirar uno y mirar cien. Copiar de un solo diseño es robar. Copiar de muchos es investigar. El moodboard no es un archivo de plagios, es síntesis. Es donde el ojo entrenado convierte influencias en criterio.
Cuando alguien sin ese criterio le pasa una sola referencia a la IA y el resultado mejora, no está dirigiendo. Está copiando con pasos extra.
Un buen diseño no es el que luce bien. La interfaz bonita que confunde al usuario no es diseño. Es decoración. El look es, quizás, el diez por ciento del trabajo. El noventa restante es la experiencia: cómo fluye, dónde lleva la mirada, qué tan rápido entiende alguien que nunca ha visto esa pantalla qué tiene que hacer.
Eso no se resuelve con una imagen de referencia. Eso requiere criterio.
El criterio no es algo que se le pide a la herramienta. Es lo que se le lleva
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