El cuello de botella
Yo sigo pagando únicamente $20 USD al mes por la IA con la que trabajo todos los días, por más que sigan diciendo que para hacer cosas serias hay que gastarse miles en tokens.
Mi secreto es menos técnico de lo que suena. Entendí que no necesito una IA con ‘heartbeat’, un pulso que cada cinco minutos revise mis mensajes y mis correos. Que cuando le entrego una tarea puedo permitirme una pausa, en vez de apilar cinco o seis tareas más. A veces leo mientras Claudia trabaja. Qué afán puedo tener, si lo que compartimos es un trabajo creativo. Esa pausa me deja rayar un rato, pensar con más calma o simplemente releer lo que estamos haciendo.
Es simple: en una botella, por más líquido que haya adentro, la velocidad de salida la decide el cuello. La pregunta que vale la pena hacerse es cuál es el cuello cuando trabajamos con IA.
El tema se volvió ruidoso esta semana: Fable volvió con límites de uso nuevos y enseguida empezó a sonar el ‘ya no es el mismo’. Puede ser. Pero creo que esa frase esconde algo más simple: seguimos tratando de hacer con la herramienta nueva lo mismo que hacíamos con la vieja, cuando cada semana tenemos que evolucionar los dos, el modelo y nosotros.
Eso fue justo lo que hizo Simon Willison: en lugar de pelear con su cuota, le pidió a Fable que usara su propio juicio para delegar las tareas mecánicas en modelos más baratos, y descubrió que avanzaba igual gastando mucho menos. A Ethan Mollick esa jugada le disparó una pregunta que se me quedó dando vueltas: ¿y si el modelo mismo fuera el que reparte el trabajo?
Thariq, que trabaja en Claude Code, llevó la idea un paso más adentro: con Fable 5, dice, la calidad de su trabajo tiene un nuevo límite, y es su propia capacidad de aclarar lo que aún no sabe que no sabe. ‘El mapa no es el territorio.’
Por eso me alcanzan los $20: hace rato dejé de perseguir potencia y me dediqué a planear y orquestar bien lo que pido. Hay muchísimas tareas para las que ni siquiera necesito al modelo más caro.
El cuello de botella ya no es el modelo. Eres tú: tu criterio para pedir lo que aún no sabes que puedes pedir.
¿Qué pasaría si dejáramos de preguntarnos qué tan bueno volvió el modelo y empezáramos a preguntarnos qué tan bien aprendimos a pedirle?


