El error en público
Ayer alguien cometió un error en Anthropic y el código de Claude Code quedó expuesto en internet.
Unos se apresuraron a descargarlo, a publicarlo, a reclamar la victoria del “código abierto obligado”. Otros buscaron las grietas para explotarlas. Hubo quien se inventó ser el empleado despedido culpable, cosechando seguidores con una historia falsa. Y por supuesto, los que no perdieron la oportunidad de señalar: “¿Ven? Dijeron que era todo hecho por IA. Miren lo que pasó.”
Todos desde el sofá. Todos con mucha certeza sobre lo que debería haber hecho alguien más.
Y en medio de eso, Boris Cherny, quien dirige el producto, escribió algo breve: fue un error humano, nuestro proceso de deploy tiene pasos manuales, fallamos en uno. Estamos trabajando en más automatización.
Sin excusas. Sin víctimas. Sin drama.
Cuando alguien le señaló funcionalidades encontradas en el código que aún no existen en el producto, Boris respondió preguntando si debían lanzarlas. No se defendió. No cerró la conversación. La abrió.
Eso es lo que separa a quien lidera de quien opina.
Los errores no se evitan siendo más cuidadoso. Se gestionan siendo más honesto.
Y cuando llega el momento del error (porque llega, siempre llega) la pregunta no es qué tan grave fue el daño.
La pregunta es quién eres mientras lo resuelves.


