Green Lantern es mi superhéroe favorito. Fan de Hal Jordan, para ser exactos.
Cuando nació mi hija quería que aprendiera de él una sola cosa: que la voluntad es una fuerza. Caer y seguir. Intentar, intentar, lograr.
Fallé. Se volvió fan de Batman, por la inteligencia de Bruce Wayne.
Trece años y muchos intentos míos después, HBO puso Lanterns en la pantalla. Y la vi recitar el juramento completo, como si fuera suyo.
Vamos en el episodio tres, y la serie ha preferido el misterio sobre el espectáculo: más preguntas que respuestas, casi ninguna construcción de luz verde todavía. La apuesta va por la psicología: qué pasa adentro de una persona cuando tiene que actuar aun con miedo.
El anillo no elimina el miedo. Lo revela.
El juramento, in brightest day, in blackest night, es un ancla mental. El problema es que las palabras, repetidas sin atención, dejan de cargar cualquier cosa.
Hal Jordan encarna esa contradicción todo el tiempo. Se equivoca y cae de maneras que deberían descalificarlo. Vuelve, porque su voluntad sobrevive incluso a sus peores versiones de sí mismo.
John Stewart abre otra pregunta. Sus papás lo criaron para ser un Lantern; toda su vida apuntaba a un solo destino. Ya lo habíamos visto en los pájaros: cuando tuvo la oportunidad, su subconsciente construyó uno vivo, sin pensarlo.
En la entrevista, cuando el Guardián le advierte que ese es el momento en que los candidatos preguntan por qué ellos, John responde que sabe exactamente por qué. ¿Qué pasa cuando el juramento te encuentra antes de que tú lo busques? Ahí el cómic se vuelve espejo.
Al final del episodio dos hay otra pista. Hal recita el juramento rápido, sin ceremonia, como quien respira. Otros Lanterns lo pronuncian despacio, casi reverentes. En Hal puede leerse como disciplina interiorizada (el juramento ya vive en él) o como exceso de confianza. Esa ambigüedad es parte de su carácter.
El ritmo con que alguien pronuncia su juramento cuenta mucho sobre quién es. El juramento es un foco que canaliza una voluntad ya entrenada.
Todos tenemos juramentos: misiones, valores, promesas que repetimos. El riesgo es repetirlos hasta que dejan de recordarnos algo. La épica está en no dejar que tus propias palabras se vuelvan ruido.
No sé si fue Hal Jordan o simplemente el tiempo. Pero el juramento la encontró de todas formas.
Uno de los primeros peluches que le regalé fue un Green Lantern. Todavía lo conserva.
Puede que ahora se abra un espacio.


