La direccional encendida
Tres carros y una moto hoy. Los cuatro con la direccional izquierda parpadeando. Ninguno giró.
2 de enero. El día donde todos prometemos girar. Nuevo año, nuevo yo, nuevas metas.
Pero pasamos intersecciones sin cambiar de rumbo. La señal sigue encendida mientras repetimos el mismo camino.
Y los que nos observan dejan de creer. Porque cuando una promesa se repite sin cumplirse, se vuelve ruido.
Lo peor no es seguir recto. Lo peor es mantener la señal encendida. Esperamos que se apague sola cuando finalmente giremos. Olvidamos que podemos apagarla nosotros mismos.
La intención sin acción es peor que el silencio.
¿Tu direccional sigue parpadeando desde el año pasado?


