Tanta inteligencia artificial y tan poca automatización. Diogo Almeida lo dice con rabia. Él ayudó a crear los métodos detrás de ChatGPT y este mes lanzó Jev, el modelo del que todos hablan. Cuando le piden explicarlo en una frase, elige una pregunta: si la IA es tan inteligente, ¿dónde está toda la automatización?
Resuelve problemas de olimpiada de matemáticas. Y todavía le cuesta tomar un pedido en un drive-thru.
La pregunta me dolió porque la viví.
Desde 2020 jugamos con estas tecnologías. Imaginamos un banco que te habla antes de que te equivoques. Que te frena la compra porque tienes cargos pendientes. Que recuerda que hoy le mandas plata a tu mamá y lo hace por ti.
Seis años después, sigo esperando ese banco.
Casi todo lo que hicimos fueron demos. Bonitas, de las que arrancan aplausos en las reuniones.
Solo una llegó a producción: IGnacio.
Un señor de canas y gafas azules que vivía en Teams, en el correo y en WhatsApp. Le preguntabas dónde tramitar las vacaciones o cuánto gastamos en la nube el mes pasado, y respondía con el dato y el documento de donde lo sacó.
Y abajo, una línea pequeña: «Probabilidad: 47,94%». Al lado, un botón para marcar la respuesta si estaba mala.
Esa línea le decía a la gente cuánto confiar. Y cada marca volvía al sistema para entrenarlo otra vez.
IGnacio empezó pequeño, con unos contenedores y un buscador neuronal leyendo Confluence y SharePoint. Con los años creció a dos nubes: AWS para buscar, anotar y entrenar, Azure para conversar desde cualquier canal. Terminó anunciando los nuevos ingresos del mes y haciendo encuestas a toda la compañía.
Lo usaban todos los días, sin aplausos.
Jev lleva esa línea pequeña adentro del software. Casi toda la IA que conocemos está hecha para conversar: escribe texto y un humano decide. Jev responde una pregunta cerrada con una decisión y su nivel de confianza, y el programa actúa con sus propias reglas. Rápido y barato, para usarlo miles de veces al día.
Piensa otra vez en el banco. ¿Esta compra pone en riesgo los pagos del mes? Sí, 94%. El banco hace el resto.
Las cifras de desempeño todavía las mide TypeSafe. Falta ver cómo le va en la calle.
Diogo resume su apuesta así: automatiza lo fácil antes que lo difícil.
La automatización empieza por lo aburrido, eso que alguien hace a mano todos los días. Y crece cuando la gente sabe cuánto confiar.
¿Cuál es tu IGnacio? ¿Y cuántas demos tienes guardadas esperando volverse reales?

