La máquina que aplaude
Casi todo lo que se dice de la IA suena a pastilla. Úsala y creces 10x o 100x. Tómala hoy o te quedas atrás.
Unos pocos insistimos en lo contrario. Que es una habilidad. Que se practica, todos los días, aunque al principio salga mal.
Pero hasta nosotros, los que decimos que es una habilidad, estamos dejando algo por fuera.
Cuando un niño aprende a montar en bicicleta, la bicicleta lo enseña. Te caes o no te caes. No hay manera de fingirlo. La caída es honesta, y por eso aprendes.
La IA no se cae. La IA aplaude. Le pides cualquier cosa, con el prompt más perezoso, y te devuelve algo competente y presentable. A la primera. Nunca te deja en el piso.
Puedes hacer mil repeticiones. La única habilidad que construyes es pedir el promedio cada vez más rápido.
El correo te enseñaba con fricción. El mensaje rebotaba y tenías que entender por qué. El internet igual: el enlace roto, la herramienta que no hacía lo prometido hasta que la hacías funcionar tú. Cada obstáculo era el profesor.
Con la IA la resistencia desaparece. Y confundimos la comodidad con saber.
La repetición sola no construye criterio. Construye costumbre.
K. Anders Ericsson pasó su vida estudiando qué separa al que mejora del que solo acumula horas. Lo llamó práctica deliberada: trabajar al borde de lo que puedes y corregir cada error que aparece. Necesita resistencia, algo que te diga que todavía no sirve.
Eso es justo lo que la máquina te ahorra.
Así que la fricción tienes que ponerla tú: rechazar la respuesta competente, saber por qué no alcanza. La máquina no la trae.
Mil repeticiones con aplauso garantizado no es práctica. Es entretenimiento.
Esta idea me llegó por un correo del profesor Jeremy Utley, que insiste en que la IA es una habilidad y no una pastilla. Estoy de acuerdo con él. Este texto es lo que creo que incluso esa defensa, la nuestra, deja por fuera. Su post original, "It's a Skill, Not a Pill"


