Todo agente termina su turno con la misma pregunta. ¿Apruebo?
Aprobar es un clic. Objetar exige escribir por qué, y a veces reescribir lo que uno habría hecho en su lugar. El diseño ya decidió cuál de las dos vas a elegir.
Ahí uno hace un canje sin darse cuenta. Entrega la parte de encuadrar el problema y de elegir el camino. Se queda con la de firmar.
Ethan Mollick lo dijo esta semana con una frase que me quedó sonando: si la máquina toma todas las decisiones interesantes y a las personas les dejan las aprobaciones, las excepciones y los errores, automatizamos la mitad equivocada del trabajo.
Aburrirse sería lo de menos.
El criterio se entrena decidiendo. Esa elección chiquita que parecía no pesar es la que te deja listo para la grande. Si desaparecen todas las decisiones intermedias, no perdemos solo la parte disfrutable del trabajo. Dejamos de fabricar el juicio que vamos a necesitar el día que haga falta.
Aprobar ocurre en una puerta. Construir ocurre en un taller.
Mira el último flujo que automatizaste y busca una decisión que antes tomaba alguien y hoy ya no toma nadie. No la que delegaste. La que se fue sola.
Si encuentras una, ya sabes dónde te falta taller.
P.D.
La frase es de Ethan Mollick en One Useful Thing, del 30 de agosto.



