La pregunta equivocada
Todos están preguntando qué tan buena será la IA.
Cuánto podrá escribir, diseñar, crear. Qué trabajos reemplazará. Qué tan rápido llegará el futuro que nos prometieron.
Pero esa no es la pregunta.
La pregunta es: ¿dónde estás tú en todo esto?
Hay una diferencia enorme entre tocar el piano y presionar play. Entre usar dos grabadoras de cinta de una forma que nadie imaginó y simplemente seleccionar el preset número 7.
Brian Eno descubrió que conectando dos grabadoras de cierta manera, podía construir orquestas enteras en tiempo real. Yamaha descubrió que la mayoría de la gente nunca reprogramaba sus sintetizadores.
Ni siquiera una vez.
Y ahí está todo.
Estamos construyendo el futuro más poderoso que hemos conocido con la mentalidad más pasiva que hemos tenido. Queremos que la IA escriba el ensayo completo. Que tome las decisiones. Que nos diga qué pensar.
No estamos jugando con la tecnología.
Estamos dejando que ella juegue con nosotros.
El futuro que imaginamos importa menos que quién lo está imaginando. Si le pedimos a la máquina que imagine por nosotros, obtendremos el futuro promedio de todo lo que ya existe. Munge, como lo llamaba Eno. Ese color púrpura-café que resulta cuando mezclas todos los colores del agua.
Funcional. Competente. Aburrido.
Pero si usamos estas herramientas para explorar los bordes, para encontrar lo que nadie pensó que harían, para cometer errores interesantes en lugar de aciertos predecibles...
Y aun sin salirte de los bordes, simplemente darle un nuevo uso a algo establecido.
Damon Albarn usó un preset de fábrica para crear el sonido de “Clint Eastwood”. No reprogramó nada. No hackeó el sistema. Solo lo usó con intención.
Entonces tal vez lleguemos a algún lugar que valga la pena.
La pregunta no es hasta dónde puede llegar la IA.
Es hasta dónde estás dispuesto a llegar tú mientras la usas.


