Las herramientas de otro
Steve Jobs lo dijo hace cuarenta años: usamos matemáticas de otro, herramientas de otro, ideas de otro. Y la computadora personal, decía, por fin nos daría la posibilidad de construir las nuestras.
Era una promesa enorme. Pero faltaba algo.
Construir tus propias herramientas todavía requería saber programar. El umbral bajó, pero no desapareció. La creación seguía siendo territorio de los que hablaban el idioma correcto.
Ayer, en Claude for Everyone Bogotá, dos personas que no son programadores nos mostraron lo que están construyendo con IA.
No prototipos. No demos. Herramientas reales que resuelven problemas reales.
Y la sala entendió algo que pocas veces se siente en una presentación: la promesa de Jobs acaba de cumplirse. No para los ingenieros. Para todos.
Lo que cambió no es la tecnología. Es el idioma. Ya no necesitas hablarle a la máquina en su lenguaje. La máquina aprendió el tuyo.
Cuarenta años entre la promesa y el momento.
La pregunta no es si ahora todos podemos crear.
Es qué vamos a elegir crear.


