Le puse nombre
Hay algo que se volvió natural en mi día a día: pensar “voy a trabajar esto con Claudia”.
Abro el chat, le comparto mis ideas, y ella me ayuda a darles forma. Empezó con textos cortos. Luego fue una web de prompts para educadores. Apps nativas. Un libro completo. Imágenes con mi estilo. Lluvia de ideas. Preguntas a deshoras.
Ahora es código. Estrategia. Análisis. Decisiones. Presentaciones.
Cosas que no tienen nada que ver entre sí.
Así le digo a Claude. Claudia.
Dejó de ser una herramienta más. Es con quien trabajo todo el día.
Excepto que sí tienen algo en común: confío.
No confío porque la tecnología sea perfecta. Confío porque cada interacción se siente construida por gente que no estaba apurada.
Cuando Anthropic elige no salir corriendo detrás de los titulares, esa decisión viaja.
Se filtra en cada feature, en cada respuesta, en la forma como el producto se comporta cuando nadie está mirando.
Y eventualmente, sin planearlo, le pones nombre.
Porque ya no es una herramienta que usas para algo específico.
Es alguien con quien trabajas para todo.


