Mejores y más iguales
Nunca habíamos tenido tantas buenas ideas. El problema es que son las mismas buenas ideas que está teniendo la competencia.
Pasa cuando la IA es nuestro punto de partida. Es un fenómeno viejo y humano, no un defecto de la máquina: en una reunión, cuando la persona más senior habla primero, la sala entera converge hacia su idea. La IA es ahora ese que habla primero, en todas las empresas al mismo tiempo.
Lo veo todos los días en los cursos que circulan. Todos enseñan los mismos prompts. “Creá una guía en PDF sobre las mejores prácticas para usar Claude para marketers. Que sea muy concisa, de solo tres páginas, con un look muy minimalista.” Si ese prompt lo usan todos, ¿en qué se diferencian los PDF que resultan?
O este: “Investigá este newsletter y dame nuevos ángulos de contenido para mis posts de LinkedIn sobre IA.” ¿En qué se diferencian los ángulos? En nada. Todos mejores, todos del promedio.
Cuando la misma IA está en manos de todos, deja de ser la ventaja.
Lo que nos diferencia es el criterio. Cuando empezamos nosotros, con nuestro ángulo y nuestra perspectiva, y dejamos la IA para las variaciones, el borrador o el pulido, no nos promedia: nos potencia. Cuando le cedemos ese primer tramo, todos convergen con nosotros.
Es una decisión de secuencia, tan simple como decidir en qué orden entra la IA a la conversación. Casi nadie la toma a propósito: por defecto, la dejamos hablar primero.
Miremos el último brainstorm del equipo. ¿Quién escribió la primera línea?
Dirigirla conserva la diferencia. Dejar que ella dirija, la disuelve.


