Si estás pensando en cambiar a tu director de tecnología, estás resolviendo el problema del año pasado.
Me lo han dicho tres veces este mes, con palabras distintas. Queremos a alguien del lado del sí.
El razonamiento tiene lógica. Las áreas de negocio ya pueden hacer casi todo con inteligencia artificial. Prototipan y automatizan sin pedir permiso. Tecnología quedó mirando desde la fila de proyectos.
Entonces aparece la salida conocida del fútbol. Si el equipo va mal, se cambia el técnico. El plantel sigue siendo el mismo.
Lo que está pasando adentro es un asunto de personas. De cómo circula el conocimiento en tu empresa y de cómo se comporta la gente cuando por fin puede hacer cosas sola. La IA llegó como habilitador, uno muy potente. El riesgo es confundirla con la razón de ser.
Cuando llegó la electricidad, nadie se declaró Energy First. Las fábricas cambiaron la máquina de vapor por un motor eléctrico y dejaron todo lo demás igual. Tardaron décadas en entender que había que rediseñar la fábrica.
Con el celular repetimos la película. En la época de Mobile First muchas empresas lanzaron apps impecables encima de procesos que nadie arregló. La experiencia en el teléfono era genial y detrás la empresa seguía desconectada. Con los años el celular se volvió lo normal y la ventaja volvió a estar en entender a la gente que lo usa.
Ahora mira tu organización con la IA encima. Todos miden quién domina qué modelo y quién automatizó primero. Otra vez estás midiendo herramientas.
Mauro Porcini dirigió el diseño en 3M y en PepsiCo, y hoy lo dirige en Samsung. Lleva toda su carrera buscando lo que él llama unicornios: personas con curiosidad y humildad para seguir aprendiendo, que ponen a la gente por delante de la tecnología. Escribió un manifiesto entero sobre ellos y le puso un título que parece de tarjeta de cumpleaños: el poder de la gente enamorada de la gente. Un director de diseño de una corporación global defendiendo la amabilidad como criterio de contratación. Su apuesta es que la IA va a terminar siendo un commodity. Cuando eso pase, la ventaja va a estar en quien todavía sepa para qué sirve.
Tus unicornios ya están adentro. Saben para quién están usando el modelo. Abren la conversación con el cliente antes de abrir la consola. Fueron ellos los que hicieron que el área de negocio se soltara.
El organigrama todavía no sabe quiénes son. Antes de buscar un nuevo director, averigua si tú lo sabes.
Para continuar pensando
Un dato para quienes están pensando en crear un director de IA. Nicholas Carr cuenta en The Big Switch que, cuando llegó la electricidad, las grandes empresas crearon un cargo para gestionarla: el Chief Electricity Officer. Con los años, la electricidad se volvió tan cotidiana como prender un interruptor y el cargo desapareció. Había cumplido su función.
Cuando la IA sea igual de cotidiana, ¿quién va a quedar en tu organigrama?
Si te interesa la historia de las fábricas que tardaron décadas en rediseñarse, el texto clásico es The Dynamo and the Computer, de Paul David.


