¿Para quién estás diseñando?
Todo producto tiene un usuario implícito. No el usuario declarado en el brief. El usuario imaginado en cada decisión de diseño. El que está detrás de la pregunta “¿qué hace que esto funcione mejor?”
Mejor para quién. Mejor según qué.
Ahí está todo.
El transhumanismo y el posthumanismo no son solo corrientes filosóficas. Son criterios de diseño disfrazados de visión de futuro. Cuando el imaginario dominante dice que el límite humano es un error a corregir, que la fricción es un defecto, que la fragilidad es ineficiencia, ese imaginario termina en los roadmaps. Termina en las features. Termina en la definición de qué es un usuario exitoso.
Cuando el usuario exitoso es el usuario optimizado, los demás dejan de existir como problema a resolver.
Leyendo la encíclica de León XIV esta semana, una frase se me quedó: una cosa es integrar tecnología en una visión humana y relacional. Otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite.
El primero usa la herramienta. El segundo le entrega el criterio.
La diferencia no se ve en la tecnología. Se ve en la pregunta que hacemos antes de construir.
¿Estamos diseñando para el humano real, con su distracción, su cansancio, su contexto incompleto? ¿O para el humano optimizado, el que siempre tiene tiempo, siempre entiende, siempre puede más?
Uno de los dos no existe.


