Temperatura
Hace dos semanas el algoritmo decidió que necesitaba un comediante.
Yo estaba cómodo en mi dieta habitual: modelos, agentes, arquitecturas, papers, predicciones apocalípticas disfrazadas de keynote. Futuro, futuro, futuro.
Estaba, también, empezando a ponerme insoportable.
Y de pronto: risa.
No era parte del plan. Pero lo dejé entrar.
Desde entonces intercalo tecnología con un podcast que se llama Aislados. Y algo curioso empezó a pasar. No cambié de ideas. Cambié de temperatura.
Cuando solo consumes tecnología, el mundo empieza a verse como un dashboard. Todo es optimizable. Todo es escalable. Todo es medible.
El humor hace lo contrario.
Es como abrir una ventana en una habitación donde llevas horas hablando de inteligencia artificial. Entra aire. Entra torpeza. Entra humanidad.
El comediante toma lo absurdo del mundo y lo sostiene sin intentar arreglarlo. Nosotros, en tecnología, queremos arreglarlo todo.
Ellos lo miran y dicen: “¿Se han dado cuenta de esto?”
Y el mundo deja de ser problema y se vuelve historia.
Si solo entrenas tu mente con futuro, pierdes presente.
Si solo entrenas con estrategia, pierdes perspectiva.
Si solo entrenas con ambición, pierdes ligereza.
Una mente que no sabe flotar se vuelve rígida. Y una mente rígida no imagina futuros; solo los ejecuta.
¿Y si la seriedad con la que estamos construyendo el futuro es parte del problema?


